Las «Dinámicas Destructivas»

Cuanto más tiempo llevan distanciados los cónyuges, más dañinos se vuelven sus desencuentros. Se trata de tres tipos de «dinámicas destructivas» básicas: «Buscar al culpable», «La protesta tóxica» y «La negación y alejamiento».

La más frecuente es «la protesta tóxica». En esta dinámica, uno de los cónyuges se vuelve crítico y agresivo mientras que el otro está distante y a la defensiva. El psicólogo John Gottman, de la Universidad de Washington, en Seattle, ha descubierto que los cónyuges que se instalan en este patrón de comportamiento al principio del matrimonio tienen más de un 80 por ciento de probabilidades de divorciarse en un plazo de cuatro o cinco años.

Algunos cónyuges llegan a atisbar por un momento la «dinámica destructiva» en la que están inmersos. Uno de ellos sabe lo que el otro va a decir antes de que empiece a hablar, e incluso se prepara para «detener el fuego», pero la dinámica se ha vuelto tan automática, tan compulsiva, que no puede hacer nada por evitarla. La mayoría de los cónyuges, sin embargo, no son conscientes de la dinámica destructiva que se ha adueñado de su relación. Enfadados y frustrados, buscan una explicación y llegan a la conclusión de que el otro es un ser insensible o cruel, o se culpan a sí mismos.

Muchos psicólogos y consejeros consideran que el conflicto y las luchas por el poder son el principal problema. En consecuencia, procuran enseñar a los cónyuges técnicas de negociación y de comunicación para abordar las diferencias, pero al hacerlo así sólo están tratando el síntoma, no la enfermedad. «Deja de decirme lo que debo hacer», exige Jaime. Carolina lo considera durante una milésima de segundo antes de contestar enfadada: « ¡Si no te lo digo, no haces nada por cambiar y todo sigue igual!»

Hay muchas técnicas distintas para afrontar los problemas entre cónyuges, pero mientras no entendamos el núcleo a partir del cual se organizan las relaciones amorosas, no llegaremos a desentrañar lo que de verdad está pasando, ni a ser capaces de ofrecer ayuda a largo plazo. La dinámica «ataque-evasión» no sólo es una mala costumbre, también refleja una realidad implícita: los cónyuges inmersos en ella sienten una gran ansiedad porque han perdido la fuente de apoyo emocional. Ambos se sienten desvalidos, necesitan desesperadamente recuperar la seguridad.

Mientras no aceptemos que toda relación gira en torno a la necesidad básica de vinculación afectiva (apego) y el miedo a perderla, los métodos habituales - aprender técnicas de comunicación o de resolución de conflictos, o tomarse un tiempo muerto - no funcionarán.

Queremos que la pareja aprenda a no precipitarse por la pendiente que lleva a la carencia afectiva y al distanciamiento que destruye tantas relaciones; sino que descubra la exquisita lógica del amor y el tipo de conversaciones que deben fomentar.

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