¿Adónde ha ido a parar el amor, cuando se produce el desencuentro?

«Nunca somos tan vulnerables como cuando amamos”. Sigmund Freud

Los cónyuges en crisis se esfuerzan al máximo por discernir los motivos de su malestar, pero están obviando el núcleo del problema. Sus razones, dirían muchos terapeutas, sólo son la punta del iceberg, la parte tangible de un gran nudo de fondo. Entonces ¿qué conflicto se oculta tras esos síntomas?

Si consultásemos a distintos expertos, muchos coincidirían en que estos cónyuges están atrapados en luchas de poder muy destructivas o en dinámicas de discusión negativas, y que necesitan aprender a negociar y mejorar sus técnicas de comunicación. Sin embargo, tampoco ellos habrían llegado más allá de la superficie.

Habría que seguir buceando para dar con el problema básico: todos esos matrimonios han perdido el contacto emocional. Ya no se sienten seguros en su relación. Tanto los cónyuges como los terapeutas suelen obviar que la mayoría de discusiones, en el fondo, no son sino protestas de separación. Bajo tanto malestar, las dos personas están diciendo: ¿Puedo contar contigo, depender de ti? ¿Estás disponible? ¿Responderás cuando te necesite? ¿Vendrás cuando te llame? ¿Te importo? ¿Me valoras, me aceptas? ¿Me necesitas, confías en mí? La ira, las críticas, las exigencias son en realidad llamadas de socorro a un ser querido, destinadas a conmoverlo, a recuperar el acceso emocional y a restablecer la sensación de pertenencia.

El pánico primigenio

La teoría del apego nos enseña que la persona amada es nuestro refugio en la vida. Cuando se vuelve emocionalmente inaccesible, nos sentimos como abandonados a la intemperie, solos e indefensos. Nos asaltan todo tipo de emociones negativas: ira, tristeza, dolor y, por encima de todo, miedo, una reacción lógica si tenemos en cuenta que el miedo es nuestro sistema de alarma: se dispara cuando la supervivencia está amenazada. Perder el contacto afectivo altera nuestra sensación de seguridad. En la amígdala o «centro del miedo», como la denominó el neurocientífico Joseph LeDoux, del Centro para la Investigación Neuronal de la Universidad de Nueva York, suenan las sirenas. Esta zona en forma de almendra situada en el cerebro medio desencadena una reacción automática. No pensamos; sentimos y actuamos.

En una discusión entre cónyuges, si estamos unidos por un lazo frágil, nos inunda lo que el neurocientífico Jaak Panksepp, de la Universidad del Estado de Washington, denomina el «pánico primigenio». En ese caso, reaccionamos de dos formas distintas: o bien con exigencias, en un intento de arrancarle al otro consuelo y seguridad, o bien aislándonos, en un intento por protegernos.

Cuando un cónyuge con problemas recurre a estos métodos una y otra vez, entra en un círculo vicioso que los aleja más y más. Cada vez con mayor frecuencia, protagonizan episodios en los que ninguno se siente a salvo, se ponen a la defensiva y acaban suponiendo lo peor del otro y de la relación.

Si amamos al otro, ¿por qué no oímos su llamada de socorro y reaccionamos con cariño? Porque la mayor parte del tiempo no estamos en sintonía. Inmersos cada cual en sus propios mundos, ignoramos el lenguaje del apego y fallamos a la hora de enviar mensajes claros sobre nuestras necesidades o sobre lo mucho que el otro nos importa. A veces, hablamos con rodeos porque no estamos seguros de qué queremos en realidad. Otras, enviamos mensajes teñidos de rabia y frustración porque la relación no nos inspira confianza. Al final, acabamos exigiendo más que pidiendo, lo que suele desembocar en luchas de poder; en lugar de afecto. En ocasiones, le quitamos importancia a nuestra necesidad natural de vinculación afectiva centrándonos en aspectos parciales, por ejemplo el sexo. Mediante mensajes camuflados y distorsionados, evitamos exponer demasiado nuestros anhelos más íntimos, sin darnos cuenta de que con esa actitud se lo ponemos muy difícil al otro cónyuge.

Queremos que la pareja aprenda a no precipitarse por la pendiente que lleva a la carencia afectiva y al distanciamiento que destruye tantas relaciones; sino que descubra la exquisita lógica del amor y el tipo de conversaciones que deben fomentar.

¡Una nueva perspectiva bíblica para una relación matrimonial extraordinaria!

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Es hora de mejorar su relación y aprender a comunicarse con nuevas formas que promuevan una mayor comprensión, cercanía e intimidad. Nosotros podemos ayudarles con nuestro Taller para Parejas “Abrázame Fuerte”.

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